Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 21 de octubre de 2017

"Érase una vez en América" Sergio Leone

Hoy quiero rescatar esta entrada que publiqué en agosto, durante esa ausencia estival de muchos blogueros en la que las entradas se quedan casi sin visitas. Este verano decidí que cuando pasara la pausa vacacional, ya con todos reintegrados a nuestra actividad normal, volvería a sacar a la luz algunas de las reseñas que más me gustan. Aquí os la dejo. Espero que la disfrutéis.




Así empiezan los cuentos que se cuentan en inglés: "Once upon a time...". Así empieza esta historia... pero dejadme que antes de empezar con la historia, empiece por dejar una música. Dadle a reproducir y disfrutad mientras leéis mi entrada. La calidad no es muy buena, lo siento.
Once upon a time...




Sergio Leone fue quien le dio al western su último periodo de gloria; fue el inventor del spaghetti western. Fue, además, quien dio a conocer en sus películas a dos de los personajes que serían después imprescindibles en la historia del cine: Ennio Morricone, como compositor de sus músicas, y Clint Eastwood, como protagonista de su Trilogía del dólar "Por un puñado de dólares", "La muerte tenía un precio" y "El bueno, el feo y el malo". No son películas que me entusiasmen. Es un género, el western en general y el spagehtti western en particular, que no me seduce. Sergio Leone sería para mí un director sin importancia si no hubiera sido porque en 1984 tuvo un maravilloso acierto. "Érase una vez en América" fue su última película y, como tal, constituye un maravilloso canto de cisne. Debido a su larga duración (más de tres horas y media) se estrenó en los cines en dos partes.
A mí me llegó primero la música de manera un poco tardía, en 1990. Un amigo (hoy es mi marido) me regaló una de aquellas cintas de cassette que tenía, grabada por él mismo, por una cara la música de Vangelis para "Blade Runner" y por la otra, la de Ennio Morricone para "Érase una vez en América". Ambas bandas sonoras me enamoraron, pero como la ciencia ficción no me atrae demasiado (y entonces aún me atraía menos), la que quise ver rápidamente fue la segunda. Si la música me gustó, la película me entusiasmó. 
La había visto ya unas cuatro veces cuando, hace unos días, me enteré de que había una versión extendida que ampliaba en unos veinte minutos la original que yo conocía, dejando la duración total en unas cuatro horas y diez minutos. Me hice con ella y la he visto en dos noches consecutivas. 


Ambientación del barrio judío en Brooklyn

Se trata de una película con un guión magnífico, una fotografía genial, una ambientación conseguidísima, una interpretación de lujo y una historia de amistad, delincuencia, desamor, violencia, traición, búsqueda, ambición, lealtad, culpa... Cine en estado puro.
No nos engañemos, los protagonistas son delincuentes en la infancia y asesinos en la edad adulta: "Es cierto que he matado, señor Bailey. A veces para defenderme y a veces por dinero" manifiesta Noodles (Robert de Niro) casi al final de la película. Son gente despreciable que algunas películas han sabido poner a la altura de los héroes y dotar de la grandeza de los mitos. Nosotros los amamos y empatizamos con ellos, pero no debemos olvidar que trasladados a la vida real desearíamos encerrarlos y tirar la llave. Hecha esta aclaración, seguiré con la película, sus héroes y sus mitos, a los que no puedo por menos que adorar.
Cuando empieza la película, la historia está a la mitad. Noodles huye de alguien que lo quiere muerto. Sus tres amigos de toda la vida acaban de ser abatidos por la policía y él se las arregla para desaparecer. Volverá treinta y cinco años después atraído por ciertos hechos que le hacen pensar que ha sido encontrado y que, de alguna manera, ha llegado la hora de liquidar varios asuntos pendientes. "¿Qué has hecho todos estos años?" le pregunta su amigo Moe, cuando vuelve. "Acostarme pronto" responde.

Cockeye, Patsy, Max y Noodles en 1920

Arrastrados por los recuerdos del pasado de Noodles, a su vuelta, nos veremos llevados al Nueva York de 1920, en el barrio judío de Brooklyn, donde cuatro amigos, David Aaronson (Noodles), Patrick Goldberg (Patsy), Philip Stein (Cockeye) y Dominic coquetean con la delincuencia y hacen encargos menores para Bugsy, un gangster de gama media (por no decir de medio pelo) del barrio. La llegada de Maximilian Bercowicz (Max) con su ambición y su deseo de triunfar sin deberle nada a nadie cambiará la situación y cambiará, sobre todo, el mundo de Noodles. 
En esta época se empieza a despertar el amor de Noodles por Deborah, la hermana del gordo Moe, una niña angelical que baila al ritmo de "Amapola" en el almacén de la tienda de su padre mientras el chico la espía desde un agujero en la pared de los retretes. Una preciosa Jennifer Connelly de catorce años que nos enamora de inmediato. Pero la influencia de Max es superior al amor que le inspira Deborah, y Noodles no será capaz de convertirse en el chico que ella podría amar. "Venga corre. Te llama tu mamá", le dice Deborah cuando Max interrumpe su tierna escena de amor adolescente. "Vete Noodles. Te llama tu mamá", le volverá a decir quince años después.

Jennifer Connelly (Deborah adolescente)

Bajo la influencia de Max, gracias a su arrojo y determinación, los amigos empezarán a dar golpes más serios y a ganar más dinero, harán un pacto para toda la vida... y terminarán enfrentados con Bugsy, y con uno de los cinco amigos muerto ("Noodles, me resbalé" dice en el momento de morir).
Después de este suceso traumático, la película da un salto hasta principios de los años treinta. Los amigos regentan varios negocios tapadera, pero en realidad se dedican a enriquecerse, como tantos otros, vendiendo alcohol en plena Ley Seca, con la prostitución y con el asesinato por encargo. Por fin son importantes, ganan mucho dinero y pueden llegar a influir en la política. 
Deborah empieza a triunfar como actriz y bailarina y sigue despertando en Noodles el más tierno amor, aunque su relación esté sometida a los frenos de la sensatez por parte de ella y a la incapacidad de sustraerse al magnetismo de su vida fácil y excitante y a la llamada de Max, por parte de él.

Elizabeth McGobern (Deborah adulta)

Un mundo de maravillosas oportunidades se abre ante los cuatro amigos, pero el fin de la Ley Seca y la sempiterna ambición de Max terminará con él mismo, Patsy y Cockeye en sacos para el forense y con Noodles viviendo lejos y bajo una identidad falsa.
 
Cockeye, Patsy, Max y Noodles en los años 30

Del pasado al futuro y del futuro al presente, iremos saltando de una época a otra al conjuro de la memoria de Noodles que, treinta y cinco años después de perder a sus amigos, es convocado a Nueva York, desde donde quiera que estuviese. Ha recibido una carta que supone una nueva pista y vuelve para tirar del hilo. La clave la tiene el Secretario de Comercio Bailey quien le encargará un trabajo con el que quiere saldar viejas deudas y limpiar su conciencia, pero Noodles, tal vez en el mejor acto de venganza, aunque ni él mismo lo considere así, se niega a aceptar el trabajo y le deja solo e inerme ante su conciencia y ante otras deudas más acuciantes. 
"- Mucha gente nos ofrecía trabajos. Socios, rivales, amantes. Unos trabajos los aceptábamos y otros no. El suyo no lo habríamos aceptado señor Bailey.
- ¿Es esta tu forma de vengarte?
- No. Es mi forma de ver las cosas."
Una historia compleja, en la que la traición esconde lealtad y amor, la lealtad, a veces, se convierte en traición y los amores son irreconciliables con la situación, pero eternos, tal vez por imposibles.

Robert de Niro en sus interpretaciones de Noodles joven y maduro

Maravillosa interpretación de Robert de Niro, como siempre, dando vida a Noodles joven y a Noodles ya mayor. Maravillosas las elecciones de los niños que interpretan a los personajes adolescentes. 
La versión extendida introduce algunas escenas de baja calidad técnica y subtituladas en castellano (yo he visto la versión doblada). Son prescindibles, pero aportan algún matiz interesante.
Tal vez parezca que cuento mucho de la trama, pero no es cierto. La magia sigue intacta; la intriga, la esencia, el suspense quedan totalmente preservados para que cualquiera que se atreva, se enfrente a las cuatro horas, algo menos en la versión tradicional, que dura esta historia. Prometo CINE con mayúsculas, sin paliativos, sin falsos artificios ni vanas pretensiones: cine en estado puro.





miércoles, 18 de octubre de 2017

Relatos en su tinta. Como atrapar a un lector IV


Llegamos al final de estas entradas que publicó David Rubio en su blog "Relatos en su tinta" entre marzo y junio de este año, y que yo he compartido con vosotros (aunque muchos ya las habéis seguido en el propio blog de David) porque me han resultado enormemente interesantes y amenas.
Estas entradas son una apuesta de David de acercarnos al libro de Ángel Zapara, "La práctica del relato". Una apuesta muy digna de elogio y agradecimiento.
En las entradas anteriores he compartido tres de los cuatro aspectos que, según Ángel Zapata, son fundamentales para atrapar la atención de los lectores: naturalidad, visibilidad y continuidad.
En esta cuarta y última entrega, hablaremos de la personalidad. Esta es, según Ángel Zapata, "decir las cosas de un modo propio, novedoso para cualquier persona que no sea el propio autor". Y los consejos para conseguir esa personalidad que, en opinión de Ángel y de David, es algo que no se aprende son: evitar el perfeccionismo, evitar los tópicos, evitar el pudor, no escribir con la cabeza.
Como en todas sus entradas, para ilustrar estos consejos, David nos propone una serie de textos que él llama "textos con personalidad", de diferentes autores. Textos de Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Vladimir Nabokov, Ray Bradbury, Anton Chejov, Raymond Carver, Eduardo Mendoza y Michael Ende, que son comparados con los de un supuesto Escritor X que nos cuenta lo mismo que cada uno de los célebres autores, pero con un estilo que es incapaz de enganchar. El Escritor X no es otro que David que, además de escribir de maravilla, es capaz de imitar a un supuesto X que, como él dice "se sabe un par de pasos de baile y los aplica a lo que le echen, ya sea un rock, un vals o una sevillana". 
Aunque solo sea por esas comparaciones y por esos maravillosos textos de maravillosos autores, las entradas de David en esta sección son sumamente interesantes y enganchan, vaya si enganchan.
Os dejo el enlace a la cuarta y última entrega de la serie:


Espero que disfrutéis tanto como yo con esta lectura que os comparto. En el blog de David podéis encontrar también todo lo relativo al concurso mensual "El tintero de oro" del que recientemente se ha conocido el fallo de su primera edición correspondiente al mes de septiembre y está ya en marcha la de octubre. Estáis a tiempo por si os interesa participar.
Además, hace unos días he publicado en este blog una entrada sobre el libro de relatos de David, "Los demonios exteriores". Por si alguno no la habéis visto os invito a visitarla, pero sobre todo, os invito a leer el magnífico libro de David. Realmente muy bueno incluso para los que, como yo, no sean partidarios de la ciencia ficción.


domingo, 15 de octubre de 2017

"Berta Isla" Javier Marías

"¿Desde cuándo la gente ha elegido sus vidas? A lo largo de los siglos las existencias estaban trazadas, con mínimas excepciones. Era lo normal, no una tragedia. La mayoría no se movía de un lugar, nacía y moría en el campo, en la aldea o en la ciudad mezquina, más adelante en su miserable suburbio". Nadie elige su vida, o elige algunos, pocos, aspectos de su vida. O quizás, tan solo tiene la ilusión de que elige. Tomás Nevinson tuvo muy poco que elegir. Hijo de un inglés que compaginaba cargos en la embajada británica en Madrid con quehaceres en el British Council, y de una española profesora de inglés en el Instituto Británico, desde pequeño habló con absoluto dominio ambos idiomas, además de tener una enorme facilidad para aprender otros varios y un don especial para imitar todo tipo de acentos en todo tipo de lenguas. Esas características, que debieron permitirle escoger entre varias opciones de ganarse la vida, y de ganársela muy bien, fueron las que a la larga le limitaron la posibilidad de elección, y le obligaron a verse, cuando estaba a punto de iniciar su vida adulta, en la difícil tesitura de tener que escoger entre lo malo y lo peor. 
Berta Isla decidió desde muy joven, tendría unos quince años, que quería convertirse de mayor en Berta Isla de Nevinson. Tomás llegó al colegio Estudio, en el que estudiaba Berta, cuando, debido a su edad, tuvo que abandonar el Instituto Británico donde los alumnos solo permanecían hasta terminar el cuarto de Bachillerato. En el colegio Estudio se conocieron los dos jóvenes y Berta se sintió enseguida enamorada de él con una "decisión elemental y arbitraria, también esteticista o presumida (uno mira alrededor y se dice: “Quedo bien con este”)"
Pero lo que Berta no pudo elegir fue lo que el ser la señora de Tomás Nevinson traería aparejado. Elegimos algunas cosas con un empeño desmedido y no nos damos cuenta de que nunca vienen solas; tras ellas, como si cada una fuera una cuenta de un collar medio deshilvanado, pero aún unido, salen otras, y si las primeras nos gustan, a veces las que vienen detrás nos causan pavor, pero todas van juntas. No podemos elegir más que la primera cuenta, la que arrastra tras de sí todas las demás, y a veces, ni siquiera esa. Cuando Berta tiró de la ilusión de casarse con Tomás, se encontró casada con un hombre que había perdido el brillo de la juventud cuando recién rebasaba la veintena.
Ahora, varios años después, ni siquiera sabe si su marido es su marido, "de manera parecida a como no se sabe, en la duermevela, si se está pensando o soñando, si uno aún conduce su mente o la ha extraviado por agotamiento. A veces creía que sí, a veces creía que no, y a veces decidía no creer nada y seguir viviendo su vida con él, o con aquel hombre semejante a él, mayor que él". Berta nos cuenta su extrañeza, su desconocimiento de un novio que ha vuelto de Oxford, una vez acabados sus estudios, con la alegría perdida, como si sobre él hubieran caído los años y la desesperanza y las preocupaciones más propias de un hombre que ha vivido muchos más años. 
Pero nosotros ya sabemos lo que Berta no sabe. Nosotros sí, porque las dos primeras partes del libro están contadas por un narrador omnisciente que nos lo revela todo. Así sabemos que también Tomás, en Oxford, se vio obligado a elegir, y su elección no fue admitida, y tuvo que volver a plantearse su opción, pero ya con pocas posibilidades, porque entre lo malo y lo malísimo no hay mucha libertad en el hecho de escoger, y cuando Tomás vuelve con sus estudios recién terminados, su vida ya está trazada y decidida y comenzará a partir de entonces para discurrir por un camino que ni él ni Berta hubieran imaginado nunca.
Y esa vida inesperada que comienza es lo que Berta nos revela en primera persona a partir de la tercera parte, a partir de su boda con Tomás en 1974. Esa vida tan distinta de la esperada en la que Tomás es una presencia intermitente con la que nunca sabe hasta qué punto puede contar. Una intermitencia que, en principio iba a ser temporal, pero se alarga haciendo que lo excepcional se convierta en norma, haciendo que Berta se acostumbre y se adapte al hecho de que "la distancia entre lo que puede ocurrir y lo que ocurre efectivamente es tan gigantesca que lo primero se acaba olvidando"
En esa vida inesperada los años pasan. Veinte años no es nada que dice el tango, pero uno tras otro, o uno encima de otro, van pesando y, al cabo de todos ellos, la vida puede decidir poner las cosas en su sitio y devolvernos algo de lo que habíamos soñado y nos fue arrebatado. 
Tomás desaparece y regresa, a veces tarda más y a veces menos. Berta no sabe cuando va a volver, ni siquiera si va a volver. Espera y duda y procura hacer su vida independientemente de las idas y venidas de su esposo, tratando de no esperarle, pero sin dejar de esperarle.



En 2016, la editorial de Javier Marías, "Reino de Redonda", publicó  "La mujer de Martin Guerre", de la escritora norteamericana Janet Lewis. En esa novela se trata un caso real: el de un granjero que a mediados del siglo XVI desaparece de su casa para volver años después. Lo curioso del caso es que su mujer, tras la alegría inicial, está convencida de que es un impostor y a pesar de que el usurpador, si es que lo es, mejora al marido original, la esposa se siente engañada y empujada al adulterio por lo que viene la denuncia y un largo proceso cuyas actas utilizó Janet Lewis para escribir su novela en 1941. La novela fue llevada al cine dos veces. La primera, "El regreso de Martin Guerre", en Francia en 1982 por Daniel Vigne; la segunda, "Sommersby", más conocida del público, en Estados Unidos en 1992 por Jon Amiel, con Jodie Foster y Richard Guere en los papeles protagonistas. En este caso, la acción se traslada a la Guerra de Secesión.
Es la versión francesa la que ve Berta Isla antes de saber que existía la novela o los hechos reales en que se basan novela y película. También se encuentra Berta con "El coronel Chabert", la novela de Balzac en la que se narran los inconvenientes que puede traer consigo la aparición de alguien a quien todos dan por muerto, alguien que viene a alterar la paz de los que le lloraron y ahora han rehecho sus vidas y se han acostumbrado a su ausencia y no quieren que nada interfiera con su nueva costumbre.

Berta siempre espera, aunque a veces parezca una espera vana, aunque a veces prefiera pensar que la ausencia es definitiva, porque "no quería que le sucediera a Tomás [...] lo mismo que a aquel pobre militar cuya supervivencia era negada hasta por su propia mujer horrorizada por su resurrección, vuelta a casar con un Conde y con hijos de ese segundo marido de mayores provecho y rango y mucho mejor porvenir".

Javier Marías
La nueva novela de Javier Marías no repite las altas cotas de calidad alcanzadas con "Todas las almas", "Corazón tan blanco" o "Mañana en la batalla piensa en mí", pero es una novela que, como todas las suyas, no deja indiferente, que vuelve a sumergirnos en los temas constantes de su literatura: lo que se sabe y lo que se desconoce y la ventaja de una cosa y la otra; lo que se conoce y se preferiría desconocer y el hecho de intentar siempre saber más de lo que realmente nos conviene; la capacidad o incapacidad para poder elegir. "Berta Isla" no me ha parecido, a mí, la mejor novela de Javier Marías, pero me ha gustado mucho y la considero lectura obligatoria para todos los que seguimos al autor desde sus comienzos, aunque como yo, por razones de edad, empezáramos a seguirle un poco tarde y tuviéramos que coger carrerilla para alcanzar a ponernos al día con sus primeras obras.

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