Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

miércoles, 21 de febrero de 2018

"Madrid: frontera" David Llorente


"Madrid es una ciudad de edificios vacíos. En la ciudad de Madrid (de hecho) hay más edificios vacíos que edificios ocupados. Hay más gente viviendo bajo la lluvia que viviendo bajo techo.
¿Y viviendo bajo las ramas de los árboles?
También".
No sé si "Madrid: frontera" es una distopía o una metáfora, aunque tal vez sea una distopía metafórica. Y es también una novela negra, tan negra como el cielo de Madrid. No sé si me fascina más que me inquieta o me inquieta más que me fascina. Lo que sé es que la he leído extrañada al principio, interesada un poco después y enganchada hasta los tuétanos la mayor parte del tiempo. 
Este libro me llegó porque ganó en 2017 el Premio Dashiell Hammet de la Semana Negra de Gijón. No sabía nada de la novela ni de su autor, pero ya no se me va a olvidar porque esta historia me ha arañado la sensibilidad y me ha dejado con los ojos demasiado abiertos y los sentidos expuestos y doloridos.
Empiezas a leer y te mosqueas porque te encuentras con un diálogo en el que un narrador, que permanece anónimo, le cuenta al protagonista su propia historia (la de este), y responde a las preguntas que sobre sí mismo le hace el protagonista. Un recurso narrativo original donde los haya: la novela está contada en segunda persona a través de una conversación. Sigues leyendo y empiezas a sangrar por las heridas, porque "Madrid: frontera" te agrede; es una novela provocadora, violenta, descarada con la verdad, insolente con lo más oscuro de nuestro mundo feliz, absolutamente intolerante con nuestra tonta complacencia. "Madrid: frontera" es una novela para quienes están dispuestos a darse de bruces con la realidad; no con la que nos cuentan los inanes programas de televisión, cada vez más de moda; no con la que nos cuentan los políticos interesados y estúpidamente satisfechos; no con la que leemos en novelas concebidas para hacernos sentir felices de tan bobos y de tan ignorantes voluntarios, y empeñados en que nadie nos saque de nuestra cómoda ignorancia. "Madrid: frontera" es una novela para los lectores masoquistas que se complacen en que les escupan a la cara las más terribles verdades que les rodean.
En Madrid ya no amanece. Es una noche permanente. En Madrid abundan los pisos vacíos y los bancos y banqueros que los han vaciado con ayuda de la autoridad judicial; abundan los desempleados que se pasean por el Jardín Botánico y abundan los comebasura ("A  los que han perdido la casa los llaman comebasura porque realmente se alimentan de basura") que asaltan los contenedores de los supermercados y restaurantes cuando sacan sus desperdicios desechados por los ricos tras su hartazgo. Los comebasura duermen en cualquier esquina y se tapan con cartones, a poder ser de frigorífico. 
En Madrid abundan también los animales de metal que se fabrican en la empresa Metalfix, porque el ser humano ha expulsado a los animales de verdad. "Los animales han abandonado la ciudad de Madrid. Hace un año que no sale el sol. No para de llover y el mar de Madrid se ha vuelto oscuro como la tinta". Y es que se me olvidaba decir que Madrid tiene mar y plataformas petrolíferas y sirenas que cantan y engañan a los hombres con promesas incumplibles, pero irresistibles.



También están los "no-gobernables" a los que persigue la policía y a los que golpea sin necesidad de que hayan hecho nada malo solo para desentumecer los músculos. Nuestro protagonista, Igi W. Manchester, es un no-gobernable. Son los únicos que se rebelan contra la autoridad asentada en El Cubo, un edificio sin puertas ni ventanas desde donde se gobierna-domina este mundo solo apto para los que tienen recursos y poder. 
En Madrid hay cadáveres enterrados en las cunetas y cuando se circula por la M-30 las voces de los muertos recuerdan a los conductores en qué clase de mundo podrido viven, por lo que ellos, con la carne de gallina, ponen la radio a todo volumen y se imaginan que nada se oye más que la música.
Ah, y me olvidaba de lo más importante: en Madrid, en la Plaza de Castilla, hay un crematorio de libros. A Igi W. Manchester se lo ha contado Norberto. Norberto, para que nadie la olvide, ha escrito una historia de cuando los tiempos aún eran vivibles en un Madrid con sol y animales cálidos como solo es cálida la vida y pisos habitados y personas con trabajo. Se titula "La crónica de los viejos tiempos" y "es un libro que habla de cómo era el mundo cuando éramos pequeños, ya sabes, antes de la lluvia, antes de la oscuridad, antes de que se marcharan todos los animales". Un libro que, a decir de Norberto cuando se lo regala a Igi, pronto será el único libro y por eso se lo da a él. Norberto se fía de Igi.
En Madrid hay pisos ostentosos y casas enormes con enormes jardines en barrios exclusivos. Estas viviendas sí están habitadas. Allí viven los banqueros y los miembros del Gobierno y los funcionarios que trabajan en El Cubo. Allí viven las familias decentes. Las mismas personas que disfrutan de los restaurantes exclusivos y los prostíbulos de lujo en los que trabajan estudiantes para pagarse los estudios. Y es que siempre hay quien saca provecho de las situaciones críticas y de las desgracias ajenas. La miseria de unos se labra a costa de lo que ellos pierden y otros ganan, por eso hay dos tipos de crisis, las crisis desdichadas y las crisis venturosas. Ambas se dan a la vez, pero en personas distintas.
Igi tiene que huir tras un enfrentamiento con dos agentes del Cubo; al menos, eso le cuenta el narrador que no creemos que tenga motivos para mentirle. Perderá su precaria estabilidad, conocerá personajes extremados y terminará refugiándose en una plataforma petrolífera, aunque pronto regresará. A su vuelta, concibe un plan que llevará a la práctica con enorme eficacia; un plan que, de salir bien (y mejor no le puede salir), dará un vuelco total a la situación en la que se encuentra él y a la de otras tantas personas no tan deseosas de que sus circunstancias cambien como lo está Igi. Llevará a cabo su venganza con perfección milimétrica. Pero en esa venganza, que tal vez no es tal venganza, perderá unas cosas y ganará otras. Si lo que gana compensa lo que pierde es algo en lo que, probablemente, no estaríamos de acuerdo con él, pero quién sabe si en sus mismas circunstancias habríamos hecho lo mismo porque es muy fácil juzgar desde encima del papel a los personajes que se desenvuelven entre sus letras y sus párrafos y sufren las ocurrencias del escritor. "Se dice que la venganza es dulce pero que después deja un sabor amargo. Es mentira. La venganza es dulce y nos deja en la boca un sabor a azúcar que no se nos irá en toda la vida.
Ni aunque vivamos mil años.
Eso es".
"Madrid: frontera" es una novela inquietante hasta la angustia, porque entre el mar de Madrid, las plataformas petrolíferas que rodean la ciudad, las sirenas y sus cantos, los animales de Metalfix y las voces de los muertos de la M-30, descubrimos cosas que nos resultan demasiado conocidas, demasiado cercanas; y esa convivencia de lo que sabemos cierto con la fantasía onírica y angustiosa que en la novela acompaña a lo real, nos resulta amenazante porque nos lleva a imaginar un tiempo, tal vez no demasiado lejano, en que todo se vuelva auténtico y en la novela termine por resultar indistinguible una cosa de la otra.

David Llorente
En su blog, David Llorente nos confiesa sus motivos: "No entiendo cómo se puede escribir desde la neutralidad y desde las manos limpias. Son el dolor y la indignación los que me ponen la mano en el hombro y me sientan a escribir todos los días. Hay, sin embargo, una condición indispensable: la sinceridad: no escribiré una sola frase que no sea susceptible de tatuármela en la piel". O como decía el gran Gabriel Celaya "Maldigo la poesia de quien no toma partido, hasta mancharse". David Llorente toma partido y se mancha y nos mancha y nos deja sangrando y en carne viva,  porque la distopía que nos cuenta nos resulta familiar, la vemos a cada paso y, desde hace años, convivimos a diario con sus macabras consecuencias. Unos más y otros menos.


domingo, 18 de febrero de 2018

"Verano 1993". Carla Simón.

"Verano 1993" es una dura historia totalmente basada en la vida de la directora. Intentaré no contar demasiado acerca de en qué consiste ese relato autobiográfico, porque yo vi la película sin saber apenas nada y creo que la disfruté más por eso. Si alguien aún ignora los hechos, prefiero no ser yo quien se los desvele y dejar esa labor a la propia película.
Debido a ello, en parte, pensé ponerla en una de las entradas con la etiqueta "Sin reseña". El no querer contar demasiado la hace ideal para esa sección. Pero digo "en parte" porque había otra razón. Es una película demasiado centrada en la vida de una niña de seis años y me cuesta mucho penetrar en ese mundo lo que me dificulta el escribir demasiado acerca de ello y hacer una reseña del tamaño que acostumbro.
Empecé a escribir y poco a poco me di cuenta de que la película me había gustado más de lo que creía, me había removido algunas cosas por dentro y me había impactado, como nunca pensé, ese mundo infantil quebrado como un frágil cristal que con sus pedazos afilados pone ese punto de perplejidad en los ojos de Frida, la niña protagonista que es el fiel trasunto de la directora.

Laia Artigas

La película, como podemos deducir por su título, narra el verano de 1993 para una niña que vive en Barcelona. Su madre ha muerto y ella ve como su mundo se trastorna al tener que abandonar todo lo que conoce para ir a vivir al Ampurdán con sus tíos y su prima Anna, una niña más pequeña que ella.
No se nos muestran grandes conflictos, ni grandes acontecimientos; tan solo el difícil y lento encaje de dos realidades que entran en contacto. Por un lado está Frida que tiene que acostumbrase a su nueva familia mientras intenta entender, casi sin saberlo, el porqué de su pérdida y del vuelco que ha ocasionado en su vida; por otro lado está la familia que tiene que incluir en su día a día a un nuevo miembro con todo lo que eso significa de bueno y de malo, sintiendo alternativamente que no puede ser y que tiene que ser.
Los dos personajes clave a la hora de enfrentarse a los dilemas que la historia plantea son Frida y su tía Marga. En ambas se concentra todo el conflicto y ambas están interpretadas con inmejorable resultado por Laia Artigas y Bruna Cusí, respectivamente.

Bruna Cusí y Paula Robles

Frida es una niña de seis años que no es muy consciente de lo que siente, pero en ella se manifiesta la rabia, los celos, el amor, el desamparo... y todo ello mezclado con la alegría espontánea y despreocupada de los niños, con sus enormes ganas de vivir y disfrutar y comerse la existencia a bocados, en un paisaje, por lo demás, totalmente idílico que invita al juego, la aventura y el peligro.
Marga se enfrenta a todas las contradicciones que supone hacerse cargo de la sobrina de su marido. Con rechazo en ocasiones, con total aceptación en otras, pero siempre con amor y entrega aunque a veces parezca que no puede más y que todo va a saltar por los aires.
"Verano 1993" me ha gustado. Me ha parecido un trabajo muy honesto en el que con toda sinceridad, pero con el alejamiento imprescindible para poder contar los hechos con verismo, la directora nos cuenta su propio verano de 1993, aquel verano en que su vida se dio la vuelta como un guante y empezó de nuevo, en otro lugar y con otra familia. Nos cuenta la tragedia de su infancia y cómo se puede superar si se tiene al lado gente empeñada en que se salga adelante, gente con la suficiente generosidad como para alterar su rutina y comprometer su tranquilidad al hacerse cargo de un nuevo miembro que no siempre lo pone fácil. 

Paula Robles y Laia Artigas

La historia nos entra por los ojos a base de escenas y gestos y comportamientos; no tiene demasiado diálogo y cuando lo tiene es tan natural que no parecen actores, lo que le da a la película un aire de documental que la hace más atractiva.
Sorprende, sobre todo el trabajo de las niñas. Siempre me ha admirado la capacidad de niños relativamente pequeños a la hora de meterse en la piel de un personaje y llevar a cabo una interpretación espontánea y creíble. Mayor mérito tiene en esta ocasión el papel de la prima de Frida interpretada por Paula Robles, una niña de unos cuatro años. Tiene muchos valores el trabajo de Carla Simón en "Verano 1993", pero uno de los más importantes es su trabajo en la dirección de las niñas.
Creo que al final he contado más de lo que pensaba, pero es que me he dejado llevar, porque la película, como digo, me ha gustado mucho, pero creo que para alguien más capaz de entender y de meterse en el mundo de los niños, tiene que ser una historia absolutamente mágica. A mí me cuesta, como he dicho. Es una tara mía (de las muchas que tengo), pero no acabo de estar a gusto con los niños, son seres extraños e incomprensibles para mí. Y, no obstante, llega a conmoverme el personaje y la actriz que lo interpreta. Su desvalimiento, su fragilidad en su situación incierta... su alegría, incomprensible en su desamparo, pero comprensible en el abandono un tanto amnésico de los niños, nos van ganando de principio a fin.
Carla Simón
"Verano 1993" se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Berlín, y su guión lo
escribió la propia directora como trabajo del  III Laboratorio de Escritura de Guion Cinematográfico de la SGAE en el año 2015. Su éxito fue inmediato pues ya en la propia Berlinale fue premiada como mejor opera prima. Cuenta, además, con tres premios Goya: a la mejor actriz revelación para Bruna Cusí; mejor actor masculino de reparto para David Verdaguer, que interpreta al tío Esteve, y a la mejor dirección novel para Carla Simón. En el Festival de Málaga obtuvo la Biznaga de Oro a la mejor película. Eso por nombrar solo los más notables, porque la lista de sus premios es larga y merecida.


jueves, 15 de febrero de 2018

"Bexonte, la aldea sin cobertura" Alicia Lakatos Alonso

Aunque nos parezca mentira, aun hay lugares a los que no llega internet ni hay cobertura para los teléfonos móviles. En esos lugares no existe google, ni facebook, ni twitter, ni Whatsapp, pero en esos lugares vive gente. Y esa gente es como el resto. No tienen antenas ni son verdes. Son como todo el mundo, con las mismas necesidades y los mismo deseos y sentimientos. Bueno, esto no es del todo cierto. No tienen las mismas necesidades porque nadie se las ha creado artificialmente (al menos las tecnológicas) para tenerlos prisioneros de un mercado insaciable; no tienen los mismos deseos porque no mueren por un like ni matan por un + o por un me gusta; no tienen los mismos sentimientos, porque no sienten a golpe de  frivolidad ni de cuatro frases que, casi sin pensar, se escriben y se envían en tres segundos con el valor que tiene lo que se siente sin corazón, se escribe sin reflexión,  y se envía con mucha prisa para pasar a otra historia y poder mandar otra cosa tan poco sentida como la primera.
Bexonte es uno de estos lugares, una aldea donde si quieres hablar con el móvil tienes que ir a "un sitio donde creo que casi siempre se oye [...] Pasado el cementerio, en la roca rota que está subiendo la cuesta a la derecha". Y a Bexonte, una aldea gallega perdida entre las montañas de Ourense, llega Paula con la idea de solucionar el asunto familiar que allí la ha llevado y regresar a Barcelona. Aún no ha tomado el desvío que lleva a Bexonte tras otros siete kilómetros de conducción y ya está deseando desandar el camino y volver a su vida y a su trabajo de abogada. Pero no puede hacerlo. 
En la aldea vive su abuela Balbina y Neves, su tía especial. Allí pasaba ella los veranos con sus padres y sus hermanos hasta que murió el bisabuelo y ya no volvieron. Toda una historia de maltrato y desapego sufrida por su madre, hace que Paula no tenga ningún deseo de visitar el lugar ni a su abuela, una mujer fría y dominante a la que odia. Pero esa mujer ha avisado de que tiene algo que comunicar a sus nietos de Barcelona y a Paula le ha tocado hacer el viaje para enterarse de qué es ese secreto que a ella la incomoda, pero en el que sus hermanos tienen puestas sus esperanzas de futuro para ellos y sus hijos. 
La llegada de Paula a Bexonte no presagia nada bueno. La lluvia le resta visibilidad hasta  no saber por dónde va la carretera, hasta no poder distinguir si aún no ha llegado al pueblo o ya ha salido de él, y es que "las tormentas profundas de la Galicia profunda son demasiado profundas hasta para los que han nacido con ellas". La lluvia incesante hará que sus planes de volver inmediatamente a Barcelona se vean truncados y que tenga que permanecer en la aldea muchos más días de los que hubiera deseado. Pero el encuentro con los escenarios de sus vacaciones infantiles le devolverá sensaciones y gentes que tenía olvidados. 
Descubrirá a su tía especial, Neves, la hermana gemela de su madre que, con sesenta años tiene la mente de una niña de cinco, pero también la ingenuidad y la inocencia que eso significa. Neves la confunde con Blanca, su hermana y madre de Paula, que se fue un día de casa y la dejó abandonada y en manos de una madre cruel y desatenta. Ahora que la ha recuperado, piensa, no volverá a dejar que se marche de nuevo. Y Paula descubrirá que la enfermedad de su tía no es de nacimiento, que nació siendo una niña tan lista y normal como Blanca, su propia madre.
Recuperará a Rosa, su mejor amiga de los veranos. Rosa es una auténtica aldeana que nunca ha salido de Bexonte, pero a pesar de eso Paula descubrirá una complicidad con ella que le cuesta mucho tener con gente de vida más afín e intereses más parejos. Empieza sintiendo lástima por su vida limitada, su falta de amor, su desconocimiento del sexo...
"-¿Qué ha sido de tu vida, Rosa?
-¿Qué vida, Paula? ¿Qué vida?"
para terminar envidiándola, porque a medida que pasan los días se va encontrando más a gusto en la aldea; le va dando más pereza volver al tumulto y a las obligaciones que impone la vida en Barcelona, y cuando, finalmente, llega el momento del regreso, la situación ha cambiado tanto y han sucedido tantas cosas que Rosa es precisamente la persona por la que le gustaría cambiarse para permanecer en Bexonte y sumergirse en su monótono, pero tranquilo y previsible tedio.
No se trata de una novela de esas que caen en el típico menosprecio de corte y alabanza de aldea. Bexonte no es el paraíso. Allí se esconden sombras en las relaciones personales, como en todos los lugares. Suspicacias y envidias están por todas partes, más, si cabe, puesto que el ser pocos y conocerse demasiado permite que los recelos y los rencores se cuezan a fuego lento, atraviesen las generaciones y se hereden junto a las casas y las fincas. Bexonte no es el paraíso, pero a veces el purgatorio es el lugar más indicado para huir del tumulto y descansar del cielo por un rato. O por unos meses. 
Paula también recuperará el pasado y recuperará la historia porque los hechos tienden a repetirse de manera incomprensible. Y en esa repetición de los hechos, encontrará el amor y, como los hechos se repiten, tal vez tenga que renunciar a él. 
Alicia Lakatos Alonso
El secreto que su abuela quería transmitirle resultará un regalo envenenado; le servirá para saber la verdad acerca de muchas cosas, pero la dejará en posesión de unos conocimientos que tendrá que decidir con quién comparte y cómo. Tendrá que decidir cómo gestiona el pasado de sus padres, ya muertos los dos, a raíz de los nuevos hechos que ahora ha conocido y deberá valorar lo que ganan o pierden los demás según ella se decida a hablar o decida mantener el secreto. ¿Pero realmente depende solo de ella? ¿Tiene derecho a ocultar lo que sabe? ¿Beneficiará o perjudicará a las vidas ajenas seguir en la ignorancia? Paula llegó al pueblo con la angustia de enfrentarse a una abuela a la que odiaba por el mal trato al que sometió a su madre. Cuando, por fin se cumpla su sueño de regresar a su vida y a su mundo y volver a sepultar Bexonte en lo más profundo del olvido, se encontrará con que tampoco Bexonte es tan malo, tal vez tiene cosas buenas y la noche anterior a su partida hubiera dado cualquier cosa por poder seguir allí un tiempo más.
De Alicia Lakatos, ya leí hace unos meses "El cascabel", una novela en la que los protagonistas son Capi y Maiá, dos perros que nos van contando las peripecias de la familia en la que viven y las suyas propias. Esta novela era la continuación de "Capi y Maiá" donde comenzaba la historia de la familia y de los perritos. No son novelas infantiles. Se escapan a los intereses y a lo adecuado para niños aunque las puedan leer muy a gusto los adolescentes. Yo, que no soy nada amiga de la literatura juvenil (lo fui en mi juventud, claro, pero ahora creo que ya no me encaja muy bien, por algo es juvenil), leí "El cascabel" y la disfruté. No obstante, tengo que reconocer que prefiero que los protagonistas de las novelas sean más humanos y caminen sobre dos patas, por eso, cuando Alicia me regaló "Bexonte..." estaba casi segura de que la iba a disfrutar aún más. Así ha sido y por ello le doy las gracias y le deseo el mayor éxito con esta novela.



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